RANUNCULOS

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Conocidos por el colorido vivaz de sus flores, los ranúnculos son plantas perennes que pueden cultivarse en macetas o en jardines, que demandan relativamente pocos cuidados para crecer adecuadamente y llegar a ofrecer una atractiva ornamentación de distintos ambientes.

Plantación:

Estas plantas herbáceas crecen a partir del plantado de sus raíces tuberosas en un sustrato rico en sustancias orgánicas, del tipo universal o para plantas de exteriores.  Dichos órganos están conformados por tubérculos pequeños, también con conocidos como “garras”, que deben colocarse a sólo 2 cm de profundidad en tierra muy suelta. Es recomendable que dichos bulbos hayan estado sumergidos en agua el día anterior. Como suelen plantarse durante las temporadas frías (otoño-invierno), pueden permanecer expuestas a la luz directa del sol.

Riego:

En cuanto a la cantidad de agua que estas plantas necesitan para su crecimiento normal, cabe señalar que los ranúnculos deben ser regados generosamente (aunque sin que se encharque la superficie de la tierra), sobre todo durante la primera semana, después de la cual se recomienda moderar el riego durante el resto del tiempo de cultivo, para un mejor desarrollo de las raíces.

Abono:

Respecto del abonado de la tierra donde se ha plantado los ranúnculos, el mismo puede realizarse después de transcurridas las 4 o 5 semanas de cultivo, aplicando pequeñas dosis de fertilizantes minerales cada veinte días. Las temperaturas más adecuadas para su crecimiento van de 1 a 3 grados centígrados durante la noche y de 15 a 18 grados durante el día.

Floración:

La floración del ranúnculo comienza a fines del invierno y alcanza un gran despliegue de color y belleza durante la primavera y parte del verano. Si bien cada tallo puede albergar de tres a cinco flores, hay quienes prefieren eliminar algunos botones para así obtener una o dos flores de mayor tamaño.